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Penales de Tamaulipas: sombrío hogar para los presos

Reynosa, Tamaulipas.- En el mes de mayo las autoridades descubrieron armas, municiones y artículos prohibidos en túneles y bodegas hechas por los internos en el penal de Reynosa. Desde ese entonces, había decenas de guardias y policías de Fuerza Tamaulipas distribuidos en al menos cada cinco metros del lugar.

El penal femenil de Reynosa acoge a las mujeres que cometieron algún delito, algunos muy graves, otros no tanto. Muchas de ellas entran con la inseguridad de cómo serán tratadas por sus compañeras, otras entran con agallas, como si fueran expertas en el tema.

Las celdas son pequeñas habitaciones con baño incluido en la que por lo regular habitan tres mujeres, y en el exterior de cada una, están colocados ordenadamente, refrigeradores, sartenes eléctricos, sillas, mesas y artículos de limpieza.

Lizeth es una jovencita de 18 años, nueva en el penal, dice que está encerrada por transportar drogas y aún no sabe cuánto tiempo tendrá que permanecer ahí. Su imagen es a simple vista atractiva, quizás los años pasen y su juventud quede atrapada dentro de esos muros pálidos que limitan ver el paisaje.


"Me agarraron por traer droga... y me quieren dar 10 años", expresa.

Una mujer que pasa caminando se detiene y comenta: 

"Cuando llegas a un lugar así, llegas como espantada, porque no sabes qué va a pasar, cómo te van a tratar, ni a quién vas a conocer (...) muchas llegan muy inocentes y otras muy maliciadas. Ya luego te vas dando cuenta de cómo es cada quien, te empiezas a adaptar a este lugar y a estar entre nosotras". 

Y es obligación de las internas dejar la reja abierta para poder ser observadas. Al momento de escuchar su nombre ellas responden desde adentro:

"¡Presa!, ¡presente!, ¡aquí estoy!".

La actividad inicia desde temprano, algunas van a misa, otras salen a ejercitarse un poco en el patio del penal. Durante el día tienen la opción de asistir a talleres diversos, y si así lo desean, pueden seguir preparándose en su educación primaria y secundaria.


"Haces una hermandad, si acaso te molestas por algo con la vecina, pero la discusión no puede pasar a mayores, porque si te escuchan, te aíslan, te castigan un día o dos, te encierran a una celda de conyugal", describió una reclusa.

Como en todos los centros penitenciarios, sus hijos viven con ellas sólo hasta los cuatro años, para garantizarles su derecho a la educación y pueden iniciar el nivel preescolar en el exterior. Sólo en dos ocasiones se juntan los hombres con las mujeres: cada lunes que hay visita conyugal, y en torneos de voleibol que organiza el área jurídica.

"Son de las actividades más divertidas que tenemos", comentó una de las reclusas.

Hay periodos en que cada semana llegan a ingresar hasta seis, y otros, en que transcurren los meses sin que llegue una nueva convicta. Históricamente, en los penales del estado de Tamaulipas se han suscitado diversos episodios de violencia, en gran medida, debido al autogobierno. 

En este estado, como en la mayor parte del país, cuando los jefes de los cárteles son detenidos, siguen operando y dando órdenes desde el interior de los penales. Incluso hay áreas dentro de la propias cárceles en las que las autoridades no tienen acceso.

Además, en la prisión de Reynosa se han reportado múltiples atentados contra los derechos humanos, suicidios, así como enfrentamientos entre internos de grupos delictivos contrarios, riñas, cruentos motines y fugas masivas.

En la actualidad, se estima que gran parte de los internos del penal de Reynosa pertenecen al Cártel del Golfo, ya que es el grupo delictivo que ha operado por años en esa ciudad fronteriza.

En diversas ocasiones en 2010, más de cien reos se fugaron de la prisión de Reynosa. Tan sólo en una de ellas, la cifra superó los 80, ayudados por hombres armados que llegaron en un convoy de camionetas, disparando contra las torres de vigilancia.

Mientras tanto el reclusorio varonil llamado Centro de Ejecución de Sanciones de Reynosa (CEDES), alberga a los hombres que están encerrados también por diversos delitos. Los ocho módulos que alojan a los presos están divididos por una malla ciclónica y cada uno encierra un ambiente distinto.
Las instalaciones parecen un gran laberinto, corredores que llevan a zonas apartadas, a patios abiertos o a jardines recónditos.

En la zona de convivencia, localizada tras una tienda de abarrotes llamada El Rastro, hacía apenas unos días fue encontrada una bodega subterránea de 30 por 30 centímetros y un metro de profundidad.

Ahí se hallaron armas "hechizas", que son llamadas así porque regularmente son fabricadas en los propios talleres de los reclusorios, por los mismos internos, a base de plástico, metal o madera. También se localizaron bebidas alcohólicas; y en una jardinera de un espacio aledaño, se encontraron enterradas dos armas largas AR 15.

Hay internos que aportan su trabajo en la zona del comedor conocido como El Rancho, sirviendo comida tres veces al día, y que a decir de algunos internos, "no está buena" y es despreciada por la mayoría.

La actividad de los internos varía; mientras algunos hacen labores de limpieza, en el comedor o en la lavandería, o asisten a talleres; otros se sientan en un rincón a observar el paso del tiempo.